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Cambiar una cubierta no tiene por qué ser un drama. Con un par de palancas, una cámara nueva y tus manos, salís del paso en minutos.
Cambiar una cubierta es una de esas cosas que muchos ciclistas evitan hasta último momento. Por miedo, por desconocimiento o porque creen que es algo complicado. La realidad es otra: con un par de palancas, una cámara nueva y un poco de práctica, podés resolverlo en minutos y seguir rodando sin depender de nadie.
En esta guía te contamos cómo hacerlo paso a paso, sin vueltas y sin palabras raras. Lo justo y necesario para que, la próxima vez que pinches, no se te corte el día.
No necesitás un taller entero para cambiar una cubierta. Con esto alcanza:
Si estás en la calle, apoyá la bike boca arriba o colgala de algún lado. En casa, mejor todavía.
Primero sacá la rueda pinchada. Desinflá completamente la cámara y empezá a liberar la cubierta del aro ayudándote con las palancas. Hacelo de a poco, sin forzar. Una vez que un lateral está afuera, el resto sale solo.
Este paso es clave y muchos lo saltean.
Antes de poner la cámara nueva, revisá el interior del neumático: pasá los dedos con cuidado buscando clavos, vidrios, alambres o cualquier cosa que haya causado la pinchadura. Si no sacás el problema, la cámara nueva se va a pinchar igual.
También mirá el aro y la cinta de llanta. Todo suma para evitar futuros problemas.
Inflá apenas la cámara para que tome forma. Colocala dentro de la cubierta, acomodá bien la válvula y empezá a montar la cubierta nuevamente en el aro. Arrancá siempre del lado opuesto a la válvula y avanzá parejo.
Si al final está muy dura, usá las palancas con cuidado para no pellizcar la cámara.
Una vez montada, inflá a la presión correcta según tu cubierta y uso. Girá la rueda para asegurarte de que esté bien asentada y listo. Volvé a colocar la rueda en la bike y seguí viaje.
Las pinchaduras no aparecen porque sí. Presión incorrecta, cubiertas gastadas o descuidos mínimos terminan en problemas grandes. Escuchá tu bike y revisala de vez en cuando. Te ahorra tiempo, plata y dolores de cabeza.
En Animal siempre decimos:
“No es magia, es maña.”
Y si no tenés ganas de hacerlo vos, traela al taller que lo resolvemos en dos pedaleadas.
