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Tu bici habla. Hace ruidos, vibra, avisa. Pero si no la escuchamos, después vienen los problemas.
Tu bici te banca todos los días. Ciudad, lluvia, polvo, veredas rotas y kilómetros de más. Si querés que responda bien y dure en el tiempo, hay tres cosas simples que conviene hacerle una vez por mes. No hace falta ser mecánico: hace falta prestar atención.
Una transmisión sucia desgasta todo más rápido. Cadena, plato y piñón limpios hacen que la bici ruede mejor y más silenciosa. Limpiá, secá y lubricá con el producto correcto. Ni seco, ni empapado: justo.
Chequeá que los frenos respondan firmes, que los cambios entren sin saltos y que las cubiertas tengan la presión adecuada según tu uso. Estos ajustes rápidos mejoran el control, evitan accidentes y hacen que cada salida se sienta más sólida.
Un repaso de tornillos, ruedas centradas y juego en dirección o caja puede evitar problemas grandes. Escuchá tu bici: ruidos nuevos, sensaciones raras o vibraciones no aparecen porque sí. Si algo cambió, revisalo.
